¿De verdad el libro en papel va a aguantar indefinidamente frente al digital?


#8

Hola,

Solo por ser un poco el culpable de la “polémica”, os dejo mi opinión sobre el asunto:

1.- Comparar el teatro con el libro no es correcto, ni en lo que compete al producto ni a la experiencia del que lo disfruta. El libro (impreso) es fijo, no cambia ni varía entre representaciones. No tiene el “directo” como añadido y, a diferencia de lo que piensa Jaume, si que requiere de un objeto para su disfrute (el papel y la tinta lo son, se quiera o no).

2.- La verdadera diferencia en literatura es entre contenido (las historias, lo que se cuenta) y continente (libros de papel, ereaders, audiolibros) y la forma de disfrutar de esos contenidos varía, obviamente, de unos soportes a otros… Pero incluso dentro del mismo soporte hay variación. No es lo mismo leer una edición ilustrada y de lujo que una reedición de bolsillo. No creo pertinente creer que porque el objeto que se usa para acceder al contenido tiene 500 años y no requiere energía no sea un objeto “intermediario”.

3.- Si se quiere dar un simil correcto, yo propondría que los libros impresos son como sesiones de cine. Se sabe el tamaño en que se va a visionar, las condiciones físicas exactas en el momento de la reproducción y una logística más compleja. El ebok podría ser similar a un DVD donde cada cual se lo lleva a su casa a reproducirlo donde puede, en la pantalla que tiene y, por tanto, sin tener ese control completo sobre la experiencia del espectador…

Y lo dejo que me lío mucho…


#9

Como comentaba en el propio artículo de Jaume, no sé si al argu­men­tar que «el libro digi­tal no puede com­pe­tir en pre­cio con el libro impreso en papel» tiene mucho sen­tido mirar los datos del mer­cado masivo. Es decir, tiene sen­tido para las edi­to­ria­les que ven­den a ese mer­cado masivo que lee poco o no lee y solo com­pra libros para rega­lar. Pero lo real­mente rele­vantes en el debate del ebook son los mer­ca­dos de nicho. Y en aque­llos mer­ca­dos de nicho donde el con­su­mi­dor lee mucho –y que creo que va más allá de los ámbi­tos téc­ni­cos y aca­dé­mi­cos, pues tam­bién está el empre­sa­rial, el de los afi­cio­na­dos a dife­ren­tes géne­ros muy con­cre­tos, etc.- el coste pun­tual del erea­der queda recom­pen­sado con cre­ces, no solo por el posi­ble pre­cio más bajo del ebook frente al del papel (digo posi­ble por­que, efec­ti­va­mente, en el caso de un mer­cado de nicho, el coste de pro­duc­ción y dis­tri­bu­ción puede no ser menor en digi­tal que en papel) sino tam­bién por las ven­ta­jas que ofrece el cacha­rro para leer tex­tos que no han pasado por manos de edi­to­res (Proyecto Gutenberg, tex­tos de la web, de libros auto­edi­ta­dos, etc.). Para una per­sona a la que le gusta mucho leer, com­pensa com­prar un erea­der aun­que sea úni­ca­mente para leer los EPUBs que hay en el Pro­yecto Gutenberg.


#10

Salud

Lo primero que quiero decir: cuando compré un lector de libros electrónicos sí pensé en cuánto tardaría en amortizarlo. (También es cierto que cuando compro cualquier cosa -menos comida, posiblemente-, pienso en su amortización; contando celulares, televisores y otros aparatos, como la propia computadora por la que ahora escribo; es importante esto último en la economía doméstica). Con el autor de Revista-leer estoy de acuerdo con que mucha gente jamás podría amortizar su cacharro, pero es que posiblemente ellos nunca se lo compren. Tampoco podrían amortizar «de verdad» el comprar libros nuevos frente a la segunda mano o a leer libros sacados de la biblioteca (donde también puedes sacar lectores electrónicos), así que tampoco es el punto, nunca lo ha sido. Y, en ese mismo sentido, creo que @biankahajdu tiene toda la razón del mundo y parte del extranjero.

Ahora, acá el libro electrónico tiene una ventaja: es multidispositivo. El papel no necesita dispositivo, cierto, pero quien no lee es raro que tenga el libro en papel o lo lleve encima, mientras que sí le puedes pasar un archivo y que lo lleve en la tableta/celular (que, seguramente, ya tienen y suelen llevar consigo), igual, con un poco de suerte, en un rato de aburrimiento en el trabajo o en el bus lo abre un rato.

Sobre las dificultades, mi experiencia personal y de mi entorno, es una preferencia fetichista al papel o, en su caso, una incomprensión incómoda sobre el uso de las tecnologías (gente feliz con un lector electrónico aunque jamás saben cómo cambiar de libro, con lo que son monolibros en cuanto a la lectura en los bichos esos; cosa para mí incomprensible, debo estar con seis libros simultáneos en mi e-cacharro), jamás temas como las tipografías; diría más bien que es una ventaja la del lector electrónico, ¡puedo cambiar el puñetero tamaño de la letra! (siempre la achico).

Hay un tema que vuelve a aparecer (esto está en lo de @realyoprogramo ): no es del todo así el tema de los costes, sí que podemos calcular -y debemos hacerlo- un «coste por unidad»; o mejor dicho, debemos calcular un número realista de unidades vendidas para distribuir su coste entre todas ellas y así poder establecer el precio (y este se debe tener en cuenta para el cálculo de las ventas). No puedes distribuir un coste inicial entre siete mil millones de unidades (población-mundo) porque sabes que no venderás siete mil millones de unidades. Además de los costes de edición, sí existen los de distribución (no sé, al menos todas las librerías que conozco cobran un porcentaje por la venta), también hay costes de transacciones (todas las pasarelas de pago cobran), etc. Encima los impuestos son mayores (4% vs 21%). Evidentemente, decir simplemente «un 30% más barato que el de papel» es absurdo. Tal vez el libro tenga que pasar por el vía crucis de la publicidad y que la venta solo suponga un tanto por ciento de los costes, mientras que la publicidad (directa o indirecta) complete el coste más la plusvalía. Pero no sé, esto ya se lo dejo a los que están en el negocio.

Me gusta la comparación de libropapel/Cine frente a librodigital/DVD que plantea @realyoprogramo (aunque estoy de acuerdo con la precisión que hace previamente @editora . También me cuesta identificar el libro de papel como una historia (contenido) sin intermediario (continente), yo veo ahí uno. Igual que en el DVD/CD veo dos intermediarios (soporte más aparato reproductor) mientras que en una película/serie por la TV veo solo un intermediario (estoy excluyendo a todos los agentes y distribuidores). De hecho, algunas obras muy importantes de la literatura, ya en épocas de la historia, no vienen de textos escritos, sino de la oralidad pura y dura; lo escrito fue posterior y no es «original», pero es otro tema.

Siguiendo un poco con la distinción de «continentes», digamos que aunque el mercado de música digital no para de crecer, no ha desaparecido el de los formatos físicos de la música y mucho menos los conciertos (principal fuente de ingresos de la gran mayoría de músicos e intérpretes). A mí, al menos por ahora y en un futuro cercano, me parece difícil pensar en regalar un archivo digital (igual que se suelen regalar más los formatos bonitos frente al de bolsillo; es pura estética). También me parece que el papel tiene un claro beneficio en otras formas de circulación (por ejemplo, hasta ahora no veo archivos digitales en el mercadillo, libros en papel hay a patadas; con las tiendas de segunda mano, lo mismo); son distintas en el caso de los archivos digitales (que puedes meter en un correo electrónico, eso es cierto… siempre y cuando no haya DRM de por medio).

Nosotros, con Lee Los Lunes, nos dimos cuenta que en papel podríamos llegar a más gente que por medio de Internet (donde, evidentemente, también pusimos todo, más los extras prometidos en el papel), el papel tiene un efecto tangible que no existe en lo digital. Tal vez en el futuro esta distinción suene absurda, pero, hoy por hoy, manda y mucho (incluso en Bubok han sacado unas tarjetas que incluyen un código para descargarse el libro, es una suerte de formato físico para un formato digital que me parece una idea genial).

Todo este rollo es para decir que ambos productos pueden convivir (mejor o peor, como lo hace la música en MP3 y el CD); igual que lo pueden hacer con métodos de impresión bajo demanda (creo que era en Inglaterra donde existían pruebas medio pilotos para imprimir en pequeñas librerías y todo, eso suena genial en cuanto a costes de distribución y logística varia).

Hasta luego :wink:


#11

Hola a todos,

yo también estaba en el debate de twitter y agradezco que lo hayáis pasado aquí, con tantos tags se hacía imposible escribir más de una frase corta…

Yo llevo aproximadamente un año dándole vueltas a este tema ya que, junto con otros compañeros, nos hemos embarcado en la aventura de montar una editorial y estamos todavía entre hacer sólo libros electrónicos o imprimir los libros bajo demanda.

Tras muchas discusiones sobre el tema “libro en papel vs libro electrónico” estamos muy convencidos de que no hay diferencia. Es palabra escrita, da igual si está en un papel o en una pantalla del tipo que sea. Es cierto que hay diferencias, como la posibilidad de cambiar los tamaños, la imposibilidad de ver las imágenes bien si no están bien maquetados los libros electrónicos, la mayor interactividad del libro electrónico (puedes consultar palabras en los diccionarios integrados, o el muy nuevo “libro interactivo”). Algunos autores están integrando códigos QR en los libros en papel para hacerlos más interactivos, lo cual es algo automático en un libro digital.

Distintos son, por ejemplo, los audiolibros, las lecturas de pasajes y otras cosas. Pero que un libro esté en una pantalla o en un papel, de verdad, no le veo diferencia. Yo ahora mismo leo casi 100% en digital. La única excepción es cuando encuentro algún libro interesante y me lo compro directamente o cuando leo alguno de mi biblioteca en papel. Y yo no tengo un lector… tengo dos, porque mi mujer también es lectora compulsiva (más que yo, incluso) y también se ha pasado al digital. Ella lee más en papel porque relee mucho, si no, tampoco lo haría.

Respecto al precio, también lo hemos estudiado mucho. Tras hablar con editores, autores y dueños de pequeñas editoriales, se revela claro. El problema es que, en el libro físico, aproximadamente el 30% del precio se lo lleva el punto de venta (librería) y otro 30% (aproximado) se lo lleva la distribución. Si tú vendes un libro digital a través de tu propia tienda web, deberías ahorrarte un 70% aproximadamente del coste (venta, distribución, impresión y, en su caso, transporte). Si lo trasladas al precio de venta, no es un 30% menos, es un 30% del valor del libro físico. Últimamente he comprado dos libros de Editorial Cápside. “La ley del trueno” en Amazon kindle y “Reyes de Aire y Agua” en papel. En papel cuestan 12 ó 15 euros (no recuerdo exactamente) y en digital cuestan menos de 3 euros (el mínimo que exige Amazon). Y les va genial en ambos formatos, por cierto.

Además, respecto a lo que cuesta un lector… Si eres lector habitual, un lector te compensa siempre que compres libros independientes o en inglés (donde el precio es más adecuado al formato, siempre que esperes un par de meses desde la salida del libro), porque las editoriales quieren ganar lo mismo que ganan con la distribución (porque las distribuidoras son empresas de grupos editoriales, por supuesto). Si no eres lector habitual, leerás epubs en tu móvil, tablet u ordenador, que no te has comprado expresamente para leer y, por tanto, no aumenta el coste del libro electrónico.

Eso sin contar que la inmensa mayoría de los lectores en España se usan para leer gratis, bien por descargas piratas o bien por publicaciones gratuitas. En 2011 se vendieron más de 300 mil lectores y sólo se compraron 180 mil libros electrónicos, así que es algo evidente. Otra cuestión será cómo combatir esto, pero no está en el objeto de este debate.

Siento la parrafada. :frowning:

Un saludo


#12

Voy a intentar responder a cachos, algunas cosas salen varias veces, y Nuria (@editora) ya ha apuntalado algunas de las ideas (es lo que tiene haber debatido estos temas durante horas y horas…). Empiezo por el primer… ¿comentario? (estas cosas modernas no sé que jerga tienen).

La gente lee más después de navidades y luego lo deja. No creo que se deba a la decepción con el hardware, sino a que se disipan los buenos propósitos que uno se fija poco antes (o después) de tomarse las uvas.

El motivo no lo sé, de hecho lo apunto como anécdota que he compartido con más personas y han experimentado lo mismo. No se puede tomar como base de argumentación, y de hecho lo uso para ilustrar y conectar con ese apartado. Aunque sí que creo que es decepción. O que el tablet/eReader de 50 € ya ni se enciende, que también pasa…

La comodidad del libro electrónico no emerge cuando lo comparamos con un libro, sino con varios libros. Mis mudanzas, admito, son mucho menos indoloras ahora. (En parte porque, como lo expresó una conocida, tengo la Biblioteca Constante, una tonelada de libros que viven en casa de mis padres que me quieren mucho ;D). Aún así, el libro en papel no requiere batería, no le pasa nada si recibe algún que otro golpe (todo tiene sus límites…) y, en general, tiene características que le han permitido continuar siendo lo que es, un objeto robusto (y eso siempre es bueno).

efectivamente, justamente eso lo hablo en el artículo. Hablo de comodidad en el acto de la lectura, no en su transporte. Lteralmente digo:

Es cierto que muchos defien­den la como­di­dad de lle­var el dis­po­si­tivo de lec­tura en vez del libro impreso y encua­der­nado, por su menor peso (aun­que habría que com­pa­rarlo con un libro de bol­si­llo), pero esta­mos hablando del trans­porte, no de la lec­tura,

sigo

Es cierto que en tiradas pequeñas y moderadas (la gran mayoría, por otra parte) el coste de maquetar y editar el libro existe si uno quiere un libro que sea bueno no sólo en fondo sino también en forma. Pero es innegable que cuando la tirada aumenta, ese coste no escala igual que el del papel y la distribución. Creo que aquí su argumento también está sesgado hacia las pequeñas tiradas.

Efectivamente, pero tú mismo lo dices. Con el aumento de la tirada el coste residual puede llegar a ser ridículo, pero eso pasa en 5 o 6 libros al año, de casi 90000 que se publican en España. Está sesgado, pero creo que con razón. De hecho, y es una cosa que me molesta muchísimo del debate preponderante sobre el libro digital, el sesgo hacia el otro lado es el más repetido, ampliado y exagerado. No creo que sea sesgo, sinceramente.

El mundo del libro no era ideal antes de la llegada del digital. Con unas pocas editoriales deformando el mercado y apretando las tuercas a las pequeñas, y con una mirada que veía (y ve) en el endurecimiento de las leyes de propiedad intelectual la salida a todos los males. (Aquí más de uno terminará seducido por lo digital gracias a los sistemas de DRM.)

Efectivamente, ese es el debate de fondo. El problema es que si unos ven esa salida, aún me parece más pérfida la tecnofilia de que lo digital viene a arreglar el desaguisado. El debate, aunque es muy técnico (que no tecnológico) y minoritario, se está llevando hacia la sostenibilidad económica, humana y ambiental, la responsabilidad financiera de los proyectos editoriales y más que de reconversión (que me parece una palabra muy desafortunada), tenemos que hablar de recuperar el «seny» (lo siento, sigo sin encontrar una traducción al castellano que me satisfaga) que no hace tantos años caracterizaba el sector del libro. Cooperación dentro del sector, responsabilidad con el lector, pero también con la sociedad (y eso incluya toda la cadena de producción del mismo libro). El problema es la imposibilidad de hacer estos debates más allá de pequeños grupos de trabajo al encontrar voceros entre los apocalípticos de la libre disposición del producto del editor (la piratería) y la tecnofilia intransigente e integrista. Nada contribuye, y ambos lados son muy malos para el sector.

Por mucho que queramos cuestionar el «efecto Bubok» con maquetaciones terribles y libros con acabados mejorables, lo cierto es que para la difusión de la cultura, para la labor que el libro desempeñó durante siglos, la llegada de lo digital es una revolución positiva. De magnitudes épicas, además. ¿Que el producto es algo peor en el formato? Posiblemente sea cierto. También los mp3 de 128kbps que nos podíamos descargar hace 15 años sonaban terriblemente peor que cualquier CD (o cassette bien conservada) y eso no nos impidió ver que Napster ofrecía una oportunidad revolucionaria.

Yo, que com sabes me dedico al libro digital desde hace ya más de cuatro años, también lo creía. Ahora creo que la única manera de difundir de manera realmente universal la palabra escrita solo puede ser con el libro impreso, como mínimo, con un sistema de bibliotecas públicas y privadas eficiente (que nos sorprendería lo eficientes que son, puede llegar un libro de una biblioteca de la otra punta de España a tu biblioteca antes que el distribuidor la sirva a tu librería). Lo digital, al contrario que lo que las «dansaneces» predominantes pregonan por las redes de bits, aplicado al libro resta «democratización» (otro neopalabro absurdo). Y creo que es por los motivos que analizo (y conste que no doy opinión ahí) en la Revista Leer. A la vez que esto creo que para el sector, ya si nos ponemos en el terreno táctico, no analítico y/o filosófico, la piratería digital debería fomentarse masivamente, porque el problema real, y eso se nos olvida demasiadas veces a los que leemos habitualmente, es que no se lee una mierda (y esto lo comparten algunos de esos malvados editores). Si conseguimos crear un ejército de lectores mayor, ampliaremos el mercado y en algún momento, con suerte, esos nuevos lectores comprarán algún libro. El problema, y grave, de la eficiencia en la distribución (que no creáis que lo digital ha resuelto, si conocierais los excels que los editores tienen que manejar para subir datos a Amazon…), d la eficiencia de los procesos editoriales, de la falta de controles de calidad… todo eso es secundario porque se haga bien o mal, siguen leyéndose pocos libros.

En resumen, tenemos puntos de vista diferentes (yo tenía uno más parecido al tuyo hace cinco años, que no tenía ninguna conexión con este sector), pero no creo que discrepemos en el fondo. Como dices en otro comentario (¿?) podemos avanzar tecnológicamente, el problema es que no veo la manera que en el libro pueda ser una ventaja que justifique la inversión en innovación técnica. Y no olvidemos que la tecnología del libro impreso avanza a ritmos agigantados, en los últimos 100 años hemos avanzado mucho, cada vez más rápido, pero fuera de los focos de la modernidad preponderante. ¡Oye, que ahora lo más es la impresión digital!

Ale, pa’ chapa la mía :wink:


#13

Me parece muy cierto también, pero muy mal. Aunque ya no llevo móvil, llevo una pequeña tableta que me permite llamar. De hecho, incluso hablando de un nokia c100, por decir uno que no tiene ni gprs (creo), no se puede comparar con un fijo (un móvil te permite estar localizable ahí donde haya cobertura, un fijo no…y eso lo pagas, aunque sean 30 € de un Nokia sencillo, que por cierto es menos que un DOMO de telefónica subvencionado…). Este tipo de comparaciones son muy poco afortunadas. Qué puedes hacer, relacionado con la lectura, con un eReader que no puedas hacer con un libro impreso. Insisto, no nos vayamos a casos concretos (textos técnicos que requieren diccionarios, búsquedas y demás casos parecidos), vayamos a la gran mayoría y no convirtamos las anécdotas en modelos.


#14

Llego tarde al debate. Me ha encantado la perspectiva de 5 años, parece ayer y también puede ser demasiado tarde.

Yo empecé en 2007 con mi primer ereader. La promesa era tremenda, y aún hoy sigue ahí, como algo mucho más que para leer. En esos años, sólo un actor ha hecho los deberes con el libro digital comercial. Los demás, por miedo o avaricia, no tomaron nota de la sencilla receta para el éxito que representa el combo de compra transparente, tentación contínua (vía rebajas y recomendaciones) y la multiplataforma.

Yo casi no compro ya libros en papel, por la sencilla razón de que mi ritmo de vida actual me dificulta pasarme por librerías. He amado los libros como todos los que hemos escrito aquí, y ahora mis libros están ante todo dentro de diferentes pantallas. No puedo cargar con los varios libros que estoy leyendo en cada momento, pero sí con el o los dispositivos en los que los leo. El problema empeora porque apenas consigo no ahogarme en la información. Dejé de leer periódicos españoles por su sectarismo y descenso demente de calidad, y el resto de mis feeds me tienta tan de continuo que me arrebatan la parte del león del tiempo que podría dedicar a la lectura. No soy una víctima ni nada por el estilo, soy consciente de lo que hago y lo disfruto, pero no dejo de percibir que me estoy perdiendo el resultado de la lectura profunda que antes ocupaba tantas horas de mi tiempo. Ahora apenas leo libro entre horas, y mi principal momento de lectura de libro es a última hora de la noche, con lo que no es difícil de imaginar lo que me cunde.

El libro va a seguir conmigo. Me importa demasiado. Mi biblioteca cria polvo salvo en los raros momentos en los que recupero un viejo amor y lo vuelvo a acariciar. Pero no va a crecer significativamente, para empezar porque mi casa actual es pequeña y no tengo espacio.

Espacio, amigos: qué poco se le valora para el libro. Parecería que todos vivimos en mansiones.

Después, pienso en el libro en términos de los que no pueden acceder a él.

  1. por una parte, en los que no pueden pagar papel. En masas de hispanoparlantes, por ejemplo, que podrían sin embargo acceder a libros de enseñanza, técnicos o de divertimento a precios aceptables para ellos en su versión electrónica. Esos millones no están recibiendo ofertas, y la minoría de ellos que quiere amar al libro recurre a la copia no autorizada. Una proporción significativa tiene móviles, y con ellos podrían acceder al libro en el futuro. Y no nos confundamos, para muchos será eso o nada. Será ebook o televisión, por ejemplo.

  2. por otra parte, aquellos para los que el libro no es accesible. Para los ancianos o los que tenemos presbicia, que necesitamos fuentes de tamaño grande. En mi caso, estoy en los comienzos, pero ya empiezo a jugar con las distancias y los libros con fuentes tamaño pitufo son un suplicio. Para las personas mayores o con dificultades visuales, la fuente adaptable del ebook es un auténtico regalo. Y ni te cuento lo que pasa con los que NO PUEDEN PASAR UNA PÁGINA. ¿Habéis pensado en las personas que no tienen motricidad para pasar páginas con solvencia? Para ellos, el ebook es un enorme salto, y puede serlo aún más si se mejorara la accesibilidad por medio de sonido o empleo de pulsadores. Aunque suene demodé, sólo los PC están realmente adaptados para el empleo de pulsadores, y para decenas de miles sólo en España es eso, o nada.

No tengo fetichismo por el papel. Amo la idea, el argumento y la forma de las palabras. El medio es sólo eso, y si algo aprecio del papel es que para la vista es agradecido. Pero para el pobre, el viejo o el retrón (que diría Pablo Echenique-Robba), el ebook es la opción única. Para el resto, ya lo habéis dicho: cada vez se lee menos, tanto por motivos como los míos como por otros aún menos confesables.

Como ha dicho Jaume: lo importante es que se lea, que se siga leyendo. O que se vuelva a leer, añadiría. Lo demás es la amenaza de muerte lenta y agónica para la industria que, en teoría, servía a 400 millones de hispanoparlantes.


#15

A riesgo de salirme del enfoque del debate, mi opinión es la de entender que tanto “libro” entendido como soporte como “libro” entendido como obra quedarán relegados a una actividad (creadora y lectora) residual. Entiendo esto en el mismo sentido que la tradición oral quedó relegada en la sociedad industrial. Me explico brevemente: la sociedad de la información y el conocimiento demanda un texto articulado hipertextualmente, partícipe de la cultura colaborativa y en el cual convergen ya todos los media. Estas condiciones sobrepasan la bella pero limitada superficie del papel. Por otro lado, queda por consolidarse nuevas formas de adquisición y creación de conocimiento, entretenimiento y arte que se adapten como ya lo hizo el texto con el libro hasta tal punto de fundir contenido y continente. Para bien o para mal, el futuro próximo verá (en mi opinión) un nuevo texto, texto red o como queramos llamarlo muy distinto al que hemos usado estos últimos 500 años, definiendo de nuevo acciones como lectura (que no siempre significó nuestra lectura reflexiva y en silencio de ahora), editor y escritor. Saludos, muy interesantes las aportaciones, os sigo.


#16

Comentario transversal:

El rollo de papiro/pergamino/papel es aún más longevo que los 5 siglos de nada del libro. ¿Alguien ha visto alguna obra moderna publicada en rollo?

:slight_smile:


#17

Salud

¿Cuenta como rollo el cómic [Caramba 2][1]? (como formato es «tubo de cartón»).

(Tenía que decirlo).

Hasta luego :wink:
[1]: http://carambacomics.com/catalogo/tebeos/caramba-2/


#18

Voy a comentar únicamente mi experiencia de usuario:

No quiero ningún libro en papel más. No me caben. No puedo subrayar y exportar lo subrayado (con los libros, siempre trabajo aunque no me lo proponga, hasta con la ficción). El libro de papel lo tengo que cargar siempre, con el libro digital voy sincronizado en cada dispositivo que uso y leo cuando me apetece donde me apetece. Con el libro digital leo según mi estado de ánimo, soy de los que siempre ha leído varios a la vez y no siempre está uno de Joyce, así que tengo siempre varios “abiertos” y me adapto al avión, al metro, al parque y al sofá.

Simplemente, ya no entiendo el libro de papel. Lo siento, me produce dolor la idea de tener que tener algo en papel que no me resuelve todo eso: he sido consciente cuando no he tenido más remedio que adquirir uno en papel (una edición algo antigua y que no he encontrado ni en pdf pirata)

No me canso de leer en digital, lo gozo. Es una experiencia tan íntima como los viejos libros de papel cuando se convertían en submarinos de conciencia. Y siempre sé por qué pagina voy.

Y me ha ocurrido algo espantoso: si en todos mis años de formación estética e intelectual tener las paredes forradas de libros era casi una aspiración (hasta de postureo) ahora mismo miro mis paredes y siento el mayor engorro del mundo.


#19

Para el que lo quiera entender…

http://blog.biblioeteca.com/2014/03/la-lluvia-y-los-libros/


#20

No veo que haya mucho debate, la verdad, el único que defiende a capa y espada el libro en papel es Jaume y no veo que haya contestado en varios días, así que no le veo demasiado sentido a un debate sin disensión…

Sin embargo, por si esto anima a más personas con otras ideas a debatir, comentaré algunas de las cosas que se han dicho.

Se ha hablado de forma, de contenido, de continente, de papiro, tradición oral… Disiento, la forma oral no se ha perdido, hoy en día se siguen contando historias de palabra que nunca se registran, algunos padres siguen contándole a sus hijos cuentos inventados, yo se los cuento a mis sobrinos. Y luego no los escribo. Hay visitas históricas en las que un guía te cuenta cosas del lugar. Con una guía escrita, pero no con un guión. Hay juegos en los que se tejen historias (algunos son juegos de cartas y tablero). La narración oral no está perdida. Igual que siguen existiendo pergaminos y papiros. Yo he leído alguna vez reproducciones de pergaminos y es genial, el desenrrollarlo, sentir esa textura rugosa…

Yo creo que todo son experiencias distintas y, como tales, no se van a perder, porque aportan cosas distintas. A mí me encanta leer lentamente, como si estuviese leyendo en voz alta, volver atrás para comprobar pasajes que se referencian más atras, o poner un dedo en la página e ir a un índice de personajes o glosario, mapas y otros elementos que tienen los libros. Evidentemente, esto es más fácil en un libro en papel. También tengo una biblioteca de varios miles de libros en papel y otros tantos en digital (muchos repetidos en las dos bibliotecas). El espacio que ocupa el papel es de varias habitaciones y la mayor parte del trastero. La biblioteca digital ocupa la parte de abajo de mi escritorio, más un espacio comunal en varios servidores de distintas empresas.

Pero creo que los que defienden el papel como el único y verdadero formato del libro se equivocan. La palabra se puede escribir en piedra, vellón, pergamino, cera, arcilla, pantalla, holograma o como quieras, todas se leen igual. En el caso del alfabeto occidental, de izquierda a derecha y pasando por las líneas de arriba hacia abajo…


#21

Oye, no te negaré que igual yo tengo mis propios sesgos… Estoy tan encantado con mi (ya viejo) Nook de hace 4 años que no sé… No me planteo que alguien pueda probar algo similar y salir decepcionado, pero seguro que hay casos :slight_smile:

¿Esto no es siempre igual en todas las industrias y todos los sectores? Quiero decir, toda innovación radical viene siempre de outsiders porque quienes llevan toda la vida en ello, por norma general, no conciben otra forma de hacer las cosas. En este caso, por descontado, el outsider más ilustre es el ogro Amazon. Amazon es temible por la lógica con la que opera, pero desde el punto de vista del cliente, es magia: el proceso de compra es rápido, fiable, indoloro, inmediato. Por supuesto, desde el primer libro te calza una cantidad de DRM suficiente para toda una vida, pero como bien dices, es una cuestión de la que lamentablemente sólo hablamos una escasa minoría.

Estoy seguro que no discrepamos tanto en el fondo :slight_smile: Pero no sé, si el libro electrónico no es la revolución se deberá a la inaudita facilidad con que (como sociedad) dejamos pasar oportunidades geniales para abrazar tecnologías restrictivas. Dicho de otra forma, las posibilidades que abre serán capadas por alguien que descubrirá que capando todo eso puede hacer algo fácilmente digerible.

Tomar notas y subrayar pasajes para referencia futura y que, automágicamente, cuando termino la sesión de lectura, o cuando termino de leer el libro, me aparecen en un documento ordenada debidamente, uno a uno, todos los pasajes subrayados. Por no hablar de eso de mudarte siquiera por unos meses y llevarte un cacharrín del tamaño de un móvil grande (o una tablet pequeña) y que ahí lleves todo lo que necesites leer durante meses. Yo recuerdo mis meses en Zürich y cómo cada persona que venía a verme se llevaba una pila del libros que yo iría ordenadamente a recoger cuando volviera a Málaga/Madrid. Porque yo me fui a Zürich con un 20% (casi) de los kilogramos que Easyjet permitía transportar en papel… y allí seguí comprando libros. Eso, sencillamente, es historia. No sé si volveré a pasar por ahí, porque como dice @martinalcrudo es por cosas como ésta que no quiero muchos libros en papel…

Para mí ésta es la gran revolución, pendiente (por cierto).

Gran aporte el tuyo. A mí personalmente lo que me gusta de los lectores electrónicos frente a las (multifuncionales) tabletas es precisamente la posibilidad de concentrarnos en la lectura. Entiendo que la accesibilidad para la creación y el consumo de infomación multimedia (entiéndase no como vídeo, sino en el más literal múltiples medios, o de múltiple naturaleza) puede desembocar en nuevos géneros, nuevas formas de creación y, nuevos profesionales que las desempeñan. Ojalá lo veamos a tiempo de disfrutarlo y no de verlas desde la incomprensión de «estas cosas modernas que hacen ahora los jóvenes, que ya ni escriben como antes ni leen como antes» :wink:

El libro en papel, tal como yo lo veo, quedará convertido al reducto del vinilo. Y el vinilo tiene mucho más de propósito que de valor técnico. No suena mejor que un buen CD, digan lo que digan, ni se conserva mejor, ni es tan fácil cambiar de pista como en un CD (y no te digo ya de los formatos digitales con compresión sin pérdida de calidad). Pero el vinilo tiene esta demostración de intenciones: «voy a poner un vinilo porque voy a estar los próximos 20 minutos escuchando este disco, sin memeces random, sin descubrimiento, sin nada de nada, solos yo y mi música».

Ése es el lugar que creo que ocupará el libro en papel. Y no está mal, pero es ritual, y minoritario. Para ese otro 95% del tiempo en que no puedes estar en casa con un culín de ron y un buen libro, sentado en un sofá, sin distracciones ni ruidos ni agenda… el libro electrónico va a cumplir mejor todo lo que el día a día nos pide.

Y bueno, da gusto leer tantos comentarios buenos. La semana fue infernal y no pude dedicar antes un rato a responder.


#22

Es que el libro tradicional es un artefacto tecnológico igual que el libro digital.

Matizo: el libro en papel no está gestionado por software, y ya sabemos que el código es la ley, y es este nuevo elemento, el software, el que creo que @jaumebalmes quiere traer al frente cuando menciona que hay un intermediario nuevo. Pero por lo demás, ambos son artefactos, parece que el libro en papel es «la forma natural» de expresarnos. Pero lo cierto es que la palabra escrita es, y va a ser siempre, una representación de la palabra oral, que (por simplificar) es la que manda.


#23

Piensa en el público general, que lee libros por entretenimiento y no subralla ni anota nada.

En cualquier caso, mi opinión, ahora sí que la doy, es que el futuro no está en un ePub, mobi o similar, si no en la web, donde todo eso que decís se hace desde hace muchos años, donde los documentalistas llevan mucho más trabajando, y todo es mucho más fácil.

Pero para la literatura general (donde ni se subralla ni se anota, aunque algunos lo hagamos) no le veo ventajas generales sobre el papel, para la lectura (insisto que en el transporte es innegable, siempre que no hablemos de la duración del hardware y/o las baterías, y el coste humano y ambiental de su fabricación). Ya veremos como evoluciona, pero lo veo crudo, y eso que mi empresa se dedica a ello, tengo todo el tiempo y dinero invertido a ello, cuatro años después, metido hasta el cuello en esto, lo veo así.


#24

El problema de ser valiente… y lanzarse a trabajar en un sector especialmente propenso a verse sacudido por lo digital. Pero también la oportunidad de ser valiente. Ten en cuenta que estos 4 años, ni en tu especialidad ni prácticamente en ninguna otra, en estas latitudes se han brindado muchas alegrías a quienes se han animado a intentar una aventura empresarial. Sabemos que lo digital ajusta márgenes, volumen, cifras, y beneficios, pero si tuviera que escoger ahora mismo entre tener un pequeño taller editorial especializado en digital o especializado en papel… prefiero el digital. Por supuesto, de esto no tengo especial idea, así que bueno… quizá si me pusiera a ellos durante 5 años cambiaba de opinión :wink:


#25

Pues yo disiento. Creo. Todo depende de cómo se defina “aguantar” e “indefinidamente”.

Recuerden:

  1. La afirmación de Kevin Kelly: ninguna tecnología “obsoleta” ha desaparecido jamás.
  2. La larga cola. La erosión del producto dominante a favor de los nichos como tendencia en todos los mercados.
  3. Ventajas del libro de papel. Es una máquina autocontenida, que funciona sola y muy resistente. La red de bibliotecas es una infraestructura que tardará décadas en ser igualada (yo no tengo problemas para almacenar libros: compro menos de la mitad de los que leo).
  4. Promesas del libro electrónico que no van encaminadas para cumplirse. Por ejemplo: ningún libro volverá a estar descatalogado. Tal como va la cosa, no creo que llegue a ver esa situación en mi vida. Diría que el 90% de los libros que he leído el último año no están disponibles en electrónico (legal) en español.

Voy a intentar imbricar todos estos hilos en algo parecido a una conclusión.

A corto plazo estoy de acuerdo con Bernat (salvo aparición inesperada de avance genial).

A medio plazo, el libro electrónico (en sentido amplio, no el aparatejo de tinta electrónica sino leer mayoritariamente en pantallas) triunfará. Pero nunca arrasará al libro de papel, porque en una era de largas colas, el concepto de arrasar simplemente ya no aplica. Por tanto, se puede decir que el libro en papel en cierto modo aguantará indefinidamente.

Pero cuando triunfe del todo el libro electrónico, predigo que no lo hará por ninguna de las razones expuestas. Con la excepción del espacio en casa y el transporte, todas las ventajas expuestas, ya que hablamos de largas colas, son nichos de larga cola, y lo seguirán siendo durante una buena pila de años. ¿Subrayar? ¿Sincro… qué? ¿Nuevos modos de lectura hipertextual no lineal demandados por… quién exactamente? Nichos pequeñitos de crecimiento vegetativo.

En mi opinión, cuando el libro electrónico triunfe nos vamos a llevar las manos a la cabeza. Porque será cuando alguien saque una killer app acertando con la mezcla justa de todas esas ventajas que en esta santa casa son taaaaan apreciadas: automagia, nubecitas privadas y propietarias, datos fuera del control del usuario cuya minería sustenta el negocio, estilo Apple de relación con el cliente (my way or the highway!), acuerdos de exclusividad de contenidos no compartibles… Mucho más iTunes que Proyecto Gutenberg.

El libro electrónico habrá triunfado, y sólo unos pocos leerán moderna literatura hipertextual transmedia o construirán conocimiento a golpe de subrayado compartido. Y nadie disfrutará del catálogo universal eterno sin descatalogados que aún no existirá.

Confío tanto en esta predicción que me apuesto 50 céntimos con cualquiera de ustedes. :slight_smile:


#26

Claro, seguiremos contando cuentos, recordando canciones e incluso recuperando recursos de la oralidad en los artefactos interactivos (la posibilidad de variar la intensidad o intención del mensaje en tiempo real según el receptor, como hacemos en este foro, estaba reservada a la comunicación oral), pero creo que se entiende quepa tracción oral ya no articula nuestra sociedad globalizada (no lo valoro como algo bueno ni malo, simplemente no puede ser por dimensión, capacidad de nuestra memoria física y otras limitaciones, etc.). Del mismo modo, creo que la obra literaria y de entretenimiento que se adaptó tan perfectamente al soporte libro hasta acoger su nombre como sinónimo, soporte este sí que articulaba la transmisión y conservación del conocimiento hasta hace poco, está en estos instantes buscando caminos. Estoy contigo en que utilizaremos un sistema heterogéneo de escrituras y lecturas pero ya no construirán nuestro mundo.


#27

Muy interesante tu reflexión. Creo que tienes razón a medio plazo pero a mí me sirve como ejemplo que desde 2011 el ingreso por videojuegos ha superado al de los obtenidos por la industria cinematográfica. En esto yo quiero entrever que sí, que cada vez más el usuario se ha empoderado con la cocreación de la historia y con procesos que superan los recursos narrativos lineales del mensaje escrito. Por si acaso, me uno a tu apuesta :slight_smile: